Kolbe Center Apologetics > Your Marriage Made In Heaven (Spanish translation)

Imprimatur: Archbishop Cyril S. Bustros, Eparch of Newton, 25 January 2011.

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Un matrimonio instaurado en el cielo

 ¿Estás buscando un amor verdadero?

Cada hombre, mujer y niño ha experimentado alguna vez un anhelo por el amor verdadero, fiel, permanente e incondicional. Este es el deseo más profundo de cada corazón humano.

Para la mayoría de los hombres, este anhelo incluye un deseo por el amor exclusivo de una mujer. Como también para la mayoría de las mujeres, este anhelo envuelve una esperanza por el amor exclusivo de un hombre. Pero hoy en día, en todo el mundo, hay una confusión generalizada, cuando muchos hombres y mujeres dudan que sea posible, o incluso normal, el estar unidos felizmente a un hombre o una mujer para toda la vida. Por consecuente, esto ha acarreado extensos fracasos, puesto que personas que no creen que algo sea posible, estas raramente invierten el tiempo y esfuerzo en intentarlo, incluso cuando les es perfectamente factible. El propósito de este folleto es mostrar que el ideal de “un hombre y una mujer, unidos en amor para toda la vida” es indudablemente posible y que el primer paso para lograr ese ideal es creer en él.

Orígenes sobre el Ideal del Matrimonio

Al examinar cualquier tema, es bueno comenzar por el principio. ¿Dónde se originó la idea de que in hombre,  y una mujer se unen para toda la vida? ¿Fue idea de un hombre? ¿Idea de una mujer? ¿O algo más?

En la mayoría de las escuelas en todo el mundo -en África, Asia y Oceanía, así como en Europa y en el norte y sur de América- se les enseña a los niños que los seres humanos y los monos evolucionaron de un ancestro común en algún lugar de África cientos de miles de años atrás. Según este punto de vista, la unión del hombre y la mujer es poco diferente a la unión de un macho y hembra mono o chimpancé. Incluso como algo que se convirtió en parte de la lucha por la supervivencia. Las personas que sostienen este punto de vista se apresuran a señalar que hay muchos lugares en el mundo donde era normal para una mujer tener muchos hombres o un hombre tener muchas mujeres, proporcionando la evidencia, según dicen, que “un hombre con una mujer” es uno de los muchos arreglos que se han probado en la lucha por la supervivencia y no necesariamente mejor o peor que cualquiera de los otros arreglos. Quienes sostienen este punto de vista a menudo miran el comportamiento animal y determinan lo que es normal o natural para los seres humanos mediante el estudio de lo que hoy es normal o natural para los animales en el mundo. Si los babuinos practican juego homosexual, entonces debe ser normal para los seres humanos. Si un caballito de mar macho se encarga del caballito de mar bebé, entonces debe ser un rol normal para un ser humano masculino, y así sucesivamente.

En el futuro, las personas mirarán hacia atrás a estas ideas con asombro, el cómo los seres humanos  inteligentes pudieron depositar tanta fe en ellas. Sí, es una cuestión de fe, porque, en realidad, no existe prueba alguna de que el hombre haya evolucionado de un ancestro común con los monos. Toda la evidencia que ha sido promocionada para la evolución humana ha fracasado en demostrar cualquier vínculo entre los seres humanos y antepasados “infrahumanos”. Ya que este es un libro sobre el amor verdadero y no sobre la evolución, no podré presentar aquí toda la evidencia contra la hipótesis de la evolución humana. [1] En su lugar, he incluido un enlace a un sitio web que expone los errores flagrantes de la hipótesis de la evolución humana para que pueda examinar las pruebas y juzgar por usted mismo. Pero lo que puede ser recalcado inequívocamente aquí, es que de acuerdo con prácticamente todas las tradiciones culturales en todo el mundo, la idea de un hombre y una mujer para toda la vida no fue una invención humana. Fue idea de Dios.

Varón y Mujer los creó

 Génesis 2:15-25

15 El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. 16 Y le dio esta orden: «Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín,

17 exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte».

18 Después dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».

19 Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales de campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.

20 El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

21 Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío.

22 Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.

23 El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre».

24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

25 Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

Esta narración histórica de la creación del primer hombre y mujer procede del libro del Génesis, el primer libro de las Sagradas Escrituras de los cristianos y los judíos. Pero la idea de que la primera unión fue hecha en el cielo no es exclusiva de los cristianos y los judíos. Por todo el mundo, incontable cantidad de culturas han transmitido relatos sobre la creación de los primeros seres humanos. Aunque difieren en detalles, la mayoría de ellas coinciden en relatar la creación de un hombre y una mujer quienes se convirtieron en los antepasados de toda la humanidad. En circunstancias normales, la integridad de un cumulo de información transmitida se deteriora durante su divulgación. A la luz de esta realidad, es todavía más notable que muchos relatos de los orígenes del hombre y del universo que concuerdan substancialmente con Génesis hayan podido conservarse hasta tiempos recientes sin influencia judía o cristiana. Por ejemplo, uno de los primeros misioneros cristianos en lo que hoy en día es Myanmar (antes Birmania) fue un Bautista llamado a Adoniram Judson. Según un relato:

Judson remó en canoa por el Río Salween de regreso a la selva a una tribu llamada Karen, cuyas tradiciones paganas fueron extrañamente aproximadas al Evangelio — tuvieron un creador del hombre, y de una mujer a partir la costilla de este; una antigua tentación y caída; una esperanza de la aparición de un hombre blanco con un pergamino sagrado... Cuando Adoniram Judson murió, había 8,000 creyentes y 100 iglesias en Birmania, que hoy, conocida como Myanmar, tiene la tercera mayor población de Bautistas en el mundo, principalmente la tribu Karen y Kachin. (Andree’ Seu, “Gospel Cyclone” Revista “World” (publicación mayo 31/Junio 7, 2008).

La idea de un hombre y una mujer unidos en amor para siempre es idea de Dios, no idea del hombre (o mujer). Y puesto que es idea de Dios, y él nos creó, el rechazo queda bajo nuestro riesgo. San Juan Crisóstomo, gran Padre Cristiano de la Iglesia expresó la convicción común de la comunidad cristiana al comentar sobre las palabras de Moisés, “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” argumentando que Dios dio este comando para que un solo hombre se una con una sola mujer. Y más si hubiese sido su voluntad que el hombre la pudiese rechazar, y recibir a otra, entonces cuando formó al hombre habría también formado a muchas mujeres. Así que ahora, tanto por medio de la creación como por medio de su ley, mostró que un hombre debe vivir con una mujer continuamente y nunca desprenderse de ella.” Homilía 62 sobre Mateo, (370 CE), en NPNF1, X:382

El libro de Génesis deja claro que Dios creó hombre y mujer uno para el otro, iguales en dignidad pero con regalos diferentes y complementarios. Santa Hildegarda de Bingen escribió:

Después de que Dios creó a Adán, Adán experimentó un fuerte sentido de amor, cuando Dios lo puso a dormir, y Dios creó una figura de amor para el hombre a partir de su costilla, así la mujer es el amor del hombre. Tan pronto fue formada la mujer, Dios le dio a hombre el deseo de procreación, para que a través de su amor por  la mujer fuese padre de hijos. Porque cuando Adán vio a Eva, se lleno de sabiduría, cuando vio delante de él a  la madre a través de quien el sería un padre. Y cuando Eva vio a Adán, lo vio como si ella estuviese mirando el cielo, como cuando el alma se levanta deseando lo celestial, ya que su esperanza estaba descansando en el hombre. Así que entre el hombre y la mujer no ha de haber más que amor mutuo.

En este pasaje, Santa Hildegarda resumió maravillosamente los llamamientos complementarios del hombre y la mujer, -del hombre a ser el líder espiritual de su esposa y su familia; y de la mujer para ser la compañera de ayuda de su marido y la criadora de su familia. Con una auténtica visión mística, Santa Hildegarda percibió que Dios había creado la Unión de hombre y mujer para su santificación mutua (“como cuando el alma se levanta deseando lo celestial”) y para la procreación y la santificación de sus hijos. Como compañeros en esta unión, Adán y Eva disfrutaron de igual dignidad pero con distintos roles. A Adán, en su papel como jefe de la familia humana, Dios le dio la tarea de vigilar y cuidar a su esposa y su hogar en el paraíso. Fue a Adán a quién Dios le pronunció la orden de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Eva recibió esta orden de Dios indirectamente a través de su marido. Su obediencia al mandamiento dependía de su fe en la palabra de Dios como ella la había recibido de Adán.

La caída de Adán y Eva 

La Biblia enseña que Dios creó todo en el universo para el hombre, hombre hecho a imagen y semejanza de Jesucristo, la Palabra encarnada de Dios. No sólo hizo Dios toda clase de criatura material para la humanidad; también hizo una serie de seres espirituales para servir a Jesucristo el Verbo encarnado y a los hombres hechos a su imagen. La Biblia enseña que un gran ángel llamado Lucifer, o portador de la luz, se rebeló contra Dios. Según los padres de la Iglesia, los comentaristas más importantes en las Sagradas Escrituras, Lucifer se rebeló porque él — un gran espíritu — no quería servir a criaturas de carne y hueso. En su rebelión contra Dios,  Lucifer dedicó su inteligencia angélica y energías para buscar destruir la relación entre Dios y sus criaturas humanas, con el fin de arrastrar con tantos sea posible a la condenación eterna en el infierno. El primer ataque de Lucifer fue dirigido contra Eva, puesto que ella había recibido el mandamiento de Dios indirectamente a través de su marido y era más vulnerable a la manipulación astuta y engañosa de parte de Satanás atacando la palabra de Dios.

La Biblia nos dice que Satanás no tentó de modo inmediato a Eva para hacerla comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. En cambio, torció la palabra de Dios como para hacerla parecer irrazonable y contradictoria, y solo entonces, después de haberle sembrado en la mente de Eva una semilla de duda con respecto a la bondad y la veracidad de Dios, apeló al orgullo y el placer egoísta sobre el aspecto de la fruta. De esta manera, su placer egoísta en el aspecto de la fruta sobrepasó su reverencia y devoción por la palabra de Dios y por la autoridad de su marido a través de quien ella había recibido la orden de Dios. Según Genesis:

1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer:

«¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?».

2 La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. 

3 Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: «No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte».

4 La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán.

5 Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal».

6 Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.

Dios colocó a Adán sobre su esposa como su protector y guía. Según los padres de la Iglesia, si Adán hubiese corregido a Eva y llevado al arrepentimiento, ella podría haber sido restaurada a la gracia de Dios. Pero Adán falló en su deber hacia ella y, al colocar la voluntad de ella por encima de la voluntad de Dios, él la siguió en desgracia y desobedeció a Dios.

17 Y dijo al hombre: «Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. 

18 El te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo.

19 Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!». 

Comentando a estas palabras, San Juan Crisóstomo añadió:

Usted es cabeza de su esposa, y ella ha sido creada con tal intención; pero usted ha invertido el orden adecuado; no sólo ha fallado en mantenerla por el buen camino, sino que ha sido arrastrado con ella, y mientras que el resto del cuerpo debe seguir la cabeza, de hecho ha ocurrido todo lo contrario, la cabeza sigue al resto del cuerpo, poniendo las cosas al revés” (San Juan Crisóstomo, homilías sobre el Génesis 17:17, los padres de la iglesia vol. 74, p. 231).

Mientras Adán y Eva permanecieron en la gracia de Dios, fueron capaces de amarse desinteresadamente con  su divino amor. Pero tan pronto como Adán y Eva incumplieron a Dios, perdieron su Divina Gracia así como el control sobre sus pensamientos y pasiones. La luz de la gloria de Dios, que había brillado en sus cuerpos desde el momento de su creación, se atenuó y dejó expuesta su desnudez. El marido y la esposa que habían sido creados en unión con Dios, con ellos mismos y con la creación, ahora se encontraban aislados de Dios, de ellos mismos y de todas las cosas creadas. El Pecado Original de Adán había traído consigo la ruptura al mundo.

El recuerdo del Eden

Prácticamente cada cultura en la tierra conserva un recuerdo del primer matrimonio instaurado en el cielo y de la miseria que entró en el mundo a través de la desobediencia de la primera pareja. A pesar de la tristeza que le siguió a su pecado, gran parte de las tradiciones con respecto a Adán y Eva enseña que permanecieron fieles uno al otro por el resto de sus vidas, alrededor de unos 900 años! Considerando que Adán vivió 930 años desde su creación, es probable que su matrimonio con Eva haya sido el matrimonio más duradero en la historia de la humanidad. Y no cabe duda de que estableció el patrón de amor fiel, exclusivo, y monógamo que todos sus descendientes han aspirado.

El pecado de Adán y Eva tuvo consecuencias devastadoras para las relaciones entre el hombre y Dios, entre hombre y mujer y entre la humanidad y la creación. Sin embargo, Dios prometió enviar un nuevo Adán y una nueva Eva a restaurar esas relaciones y llevar a la creación hacia su plenitud. En el transcurso de los siglos, Dios preparó un pueblo para sí mismo a través de los descendientes de Noé, Abraham, Isaac y Jacob, para que el Redentor del mundo pudiera nacer en última instancia de sus descendientes, una Virgen, un descendiente del rey David, esta virgen quién daría a luz al redentor en la ciudad de David, Bethlehem. Durante este período de preparación, los profetas de Dios expresaron el amor de Dios para su pueblo en el lenguaje de un novio. Uno de los poemas de amor más bellos jamás escritos, el cantar de los Cantares, describe el amor de un hombre y una mujer pero ha sido entendido también para describir el amor entre Dios y el alma.

En la plenitud de los tiempos, Jesús cumplió la palabra profética de Dios y se hizo hombre en el vientre de la Santísima Virgen María. Jesús se describe a sí mismo como un novio y realizó su primer milagro público en una boda convirtiendo agua (un símbolo de la humanidad) en vino (símbolo de la divinidad) — un hermoso símbolo de la unión entre Dios y el hombre. Más tarde, el apóstol Pablo comparó la unión del marido y mujer en matrimonio a la unión entre Jesús y la iglesia. Mientras Jesús dispuso su vida para la iglesia, se unió a sí mismo a ella en la Santa Eucaristía y la hizo fructífera por el don de su Espíritu Santo, así también él creó al hombre para que acondicionase su vida a su esposa e hijos, a ser su cabeza espiritual y soporte. Y, tal como Jesús ama incondicionalmente, sin cesar y sin límites a su novia la Iglesia, así mismo espera que maridos y esposas se amen mutuamente de la misma manera. Por esta razón cuando se le preguntó sobre el divorcio, Jesús había insistido que el divorcio no fue parte del plan original de Dios para la humanidad y recordó a sus oyentes: “pero al principio no era así.”

Jesús el novio en la boda de Caná

En su carta a los Efesios San Pablo desarrolló la comparación de la unión entre Cristo y la iglesia con el matrimonio entre un esposo y su esposa. A la luz de este entendimiento, San Pablo hizo una declaración notable en su carta a los hebreos, exhortándolos a “no deshonrar el lecho conyugal.” A los hebreos, el único lugar donde podía ser ofrecido sacrificio a Dios — y, en consecuencia, el único lugar que podía ser profanado, fue el altar del santo templo en Jerusalén. Al advertir que el lecho conyugal no debía contaminarse, San Pablo identificó a este lecho matrimonial como un lugar sagrado, como el altar en el templo de Jerusalén. De esta manera, San Pablo también reconoció como la unión que forma una-sola-carne entre marido y mujer en santo matrimonio refleja la vida intrínseca de Dios. A partir de esto, San Pablo habló sobre el juicio de Dios con respecto a la fornicación y el adulterio no sólo como actos ilícitos o inmorales, sino como actos de sacrilegio, como profanación de una unión tan sagrada que sólo puede compararse a la unión entre Cristo y su novia la Iglesia.

El misterio del amor fecundo

En el misterio de la vida intrínseca de Dios, el Padre eterno compone una imagen perfecta de sí mismo. Dios el Hijo; y el infinito amor que fluye entre Dios Padre y Dios Hijo es tan grande que es una persona divina, el Espíritu Santo, quién procede del Padre a través del Hijo. Dios creó a Adán y Eva para amarse con amor divino con el fin de que al unirse y tener hijos su fruto también fuese santo. De esta manera, la familia de Adán y Eva se convertiría en un reflejo perfecto y finito de la Santísima Trinidad. Para poder reflejar este misterio interior  de Dios, un Santo matrimonio debe ser también permanente, exclusivo y fecundo. Jesús reprobó inequívocamente el divorcio, excepto donde un matrimonio es ilegítimo desde un comienzo. Él y sus apóstoles y sus sucesores también enseñaron que un Santo matrimonio debe ser fecundo de dos maneras: en primer lugar, a través de la apertura al regalo de los niños y, en segundo lugar, a través de obras de caridad, dentro y más allá del círculo familiar.

Cuando los discípulos protestaron que el matrimonio permanente y exclusivo con un cónyuge era “imposible”, Jesús señaló posteriormente que para Dios todo es posible, así que no es difícil pensar que Dios puede dar a los esposos el poder de hacer lo imposible, de amarse mutuamente con su amor divino. Mediante el don del Espíritu Santo en el bautismo y en los otros misterios de la Iglesia, Jesús otorga a todos sus discípulos la capacidad para amar como él ama y vivir como él vive. Cuando dos cristianos se unen en Santo matrimonio, Jesús confiere una gracia sacramental especial sobre ellos para darles el poder de ser fieles y fructíferos mientras vivan. Las parejas casadas que han vivido la gracia de su Sacramento del matrimonio pueden atestiguar el poder divino que Jesús les ha dado para ser fieles y fructíferos, a pesar de muchos sufrimientos, pruebas y tribulaciones. En palabras de un esposo — casado con la misma mujer por 37 años (con quien ha criado nueve hijos) — “Sólo Jesús puede explicar cómo nosotros podemos amarnos cada día aún más que el anterior.”

Desde la época de los apóstoles, la Iglesia siempre ha insistido en la necesidad de apertura a la vida dentro del matrimonio. Génesis 38 cuenta la historia de Onán, quién derramó su simiente en el suelo para evitar tener un hijo y Dios lo hizo morir por entorpecer el surgimiento de una descendencia que tenía que consumarse. Todos los padres y doctores de la Iglesia enseñaron que cualquier intento de frustrar las consecuencias naturales de la unión matrimonial previniendo activamente la concepción era gravemente pecaminoso. Según San Juan Crisostomo:

La procreación de hijos en el matrimonio es la ‘herencia’ y ‘recompensa’ del Señor; una bendición de Dios (cf. Salmo 127:3). Es el resultado natural del acto sexual en el matrimonio, que es una unión sagrada a través de la cual Dios mismo une a los dos en “una sola carne” (Genesis 1-2, Mateo 19, Marcos 10, Efesios 5, et. al.). La procreación de hijos no es en sí misma el único propósito del matrimonio, pero un matrimonio sin el deseo de ellos, ni la oración a Dios para concebirlos y criarlos, es contrario al “sacramento del amor.” 19

En una homilía que predicó en el año 391, como patriarca de Constantinopla, San Juan añade:

¿Por qué siembra usted donde el campo está dispuesto a destruir los frutos, donde hay medicamentos de esterilidad [anticonceptivos orales], donde hay crimen antes del nacimiento? No se conforma con aprobar a una prostituta continuar siendo prostituta, sino que también la convierte en destructora. De hecho, es algo  peor que un crimen, y no sé cómo llamarlo; puesto que ella no mata lo que se forma pero previene su formación. ¿Entonces qué? ¿Se condena el regalo de Dios y se lucha con sus leyes [naturales]?… Aún con tal infamia… el asunto todavía parece indiferente a muchos hombres; incluso a muchos con esposas. En esta indiferencia de los hombres casados hay una inmundicia mayor; entonces los venenos están listos, no contra el vientre de una prostituta, sino contra su esposa herida.

En concordancia con la enseñanza constante de la Iglesia, la Iglesia católica permite a parejas casadas a la práctica de una planificación familiar natural (PFN), que consiste en abstenerse del acto en el matrimonio durante los períodos fértiles del ciclo de la mujer, para evitar la concepción por razones serias, tal como  permitir que una madre provea lactancia a su bebé el tiempo suficiente antes de quedar embarazada otra vez,  y sin frustrar el propósito del acto en el matrimonio y sin lastimar el cuerpo de la mujer o reducirlo a un objeto sexual. La autora Janet Smith nos habla de los muchos testimonios que ha escuchado de hombres y mujeres cuyos matrimonios han sido resucitados a través de la práctica de la planificación familiar Natural.

[una mujer relató] sobre la infancia miserable que ella y su esposo tuvieron. La de ella estuvo marcada por un frecuente abuso sexual y negligencia; el padre de su marido era un mujeriego brutal quien terminó divorciándose de su madre. La pareja había estado sexualmente activa antes del matrimonio y había usado la anticoncepción durante los primeros siete años de su matrimonio. Nunca habían usado la planificación natural familiar, entre otras razones, porque “nunca la escuchamos siendo promovida en la misa y éramos asistentes activos a la iglesia, no éramos infrecuentes.” Señala que “los sacerdotes nos dieron opiniones encontradas en cuanto al control artificial de la natalidad.”

El comenzar una familia la ayudó a recuperar cierta apreciación del significado de la sexualidad y la ayudó a lidiar con pensamientos suicidas, pero no fue sino hasta que ella y su marido empezaron a usar la PFN que transformó su vida y su matrimonio. Ella admite que parece asombroso que el uso del PFN fuese tan eficaz en la recuperación de sus heridas personales y las de su marido, y enormemente en la mejora de su matrimonio. También menciona, “así como algo tan simple como no laborar en el día del Señor puede enriquecer la vida familiar, también la PFN puede enriquecer un matrimonio.”

Hace años, una mujer me desafió a recalcar más enérgicamente el “poder terapéutico” de la PFN. Le pedí que me explicara a lo que se refería. Dijo que en su opinión, la mayoría de las mujeres en nuestra cultura han sido abusadas sexualmente de alguna manera, ya sea literalmente por algún familiar o vecino, o sus novios se han aprovechado de ellas, o se han sentido sexualmente inadecuadas debido a la saturación sexual de los medios de comunicación. Ella menciona que había sufrido abusos sexuales por un miembro de la familia, pero la voluntad de su esposo por usar la PFN la había hecho sentirse admirada por él. Esto mismo he escuchado infinidad de veces muchas mujeres, que el uso de PFN les hace sentir que sus maridos las respetan, aman y valoran enormemente, mucho más que a su disponibilidad sexual.

Los hombres también me han hablado del poder curativo de la PFN. Nuestra cultura intenta transformar a los hombres en depredadores sexuales. En lugar de cultivar la tendencia natural por proteger a mujeres y los hijos, nuestra cultura sirve para reprimir ese instinto y darle cobertura completa a la tendencia más vulgar a ser sexualmente permisibles y explotadores.

A los hombres en nuestra cultura se les hacen sentir sexualmente deficientes si valoran la castidad, y se les hacen sentir súper masculinos si están sexualmente fuera de control. El uso de la PFN ayuda a hombres a recapturar el autodominio sexual que promueve su autoestima y les permite llegar a una auto-entrega atenta con sus esposas, además se alegran por los beneficios que cosechan.

Durante mil novecientos años, desde la resurrección de Jesús hasta 1930, todos los líderes cristianos; católicos, ortodoxos y protestantes, condenaron la contraconcepción como un crimen contra Dios y la santidad del matrimonio. En 1930, la Iglesia Anglicana se convirtió en la primera comunidad cristiana que permitía la contraconcepción a las parejas casadas y desde entonces prácticamente cada comunidad cristiana importante fuera de la iglesia católica ha revertido su posición histórica y también la ha permitido. Los efectos devastadores de la contraconcepción se predijeron con gran precisión por Papa Pablo VI en la encíclica Humanae vitae y han sido bien resumidos por Dr. Janet Smith, entre otros. Pero quizás el mayor testimonio de la sabiduría de Dios de prohibir la contraconcepción se puede encontrar en el sitio web “Physicians For Life”” (http://www.physiciansforlife.org) que cita los resultados de estudios que muestran que las parejas que se abstienen de la contraconcepción y que practican la planificación familiar natural tienen una tasa de divorcio   de 0.2%, en comparación con los cristianos de comuniones que permiten la anticoncepción y aquellos católicos quienes también la practican en desobediencia o desconocimiento de las enseñanzas de la iglesia católica.

www.adherents.com/largecom/baptist_divorce.html

Puesto que generalmente se reconoce que el divorcio de los padres es la mayor tragedia que puede ocurrirle a un niño, [2] la pequeña tasa de divorcio entre aquellos que buscan seguir la ley de Dios tal como fue comprendida por todos los padres y heredada a nosotros por los apóstoles es un buen indicador de que: gran parte de la conducta mediocre y escandalosa que uno mira en algunos cristianos es más bien fruto de su insuficiencia en aceptar la Fé Cristiana completa como ha sido recibida y transmitida a nosotros por los apóstoles.

La contraconcepción ha contribuido enormemente a una revolución sexual que ha seducido a muchos  hombres y mujeres jóvenes a perder la fe en la posibilidad de un “matrimonio instaurado en el cielo”. Una vez que la sagrada unión de una sola carne entre marido y mujer es reducida a una emoción estéril compartida brevemente por dos individuos egoístas, la gran posibilidad de una unión permanente, exclusiva y fecunda entre un hombre y una mujer comienza a desaparecer. Internet y los medios están llenos de anuncios ideados por servicios de citas prometiendo conectar a sus clientes con la “pareja perfecta”. Pero la mayoría de estos termina siendo nada más que servicios de prostitución ambiciosos. Sólo Jesucristo, el novio celestial es la clave para un matrimonio instaurado en el cielo, y sólo aquellos que siguen sus caminos y observan sus  mandamientos pueden encontrar esa clave.

La clave para un matrimonio instaurado en el cielo

Dios reveló la clave de un matrimonio instaurado en el cielo en el libro de Génesis. Primero, creó a Adán a su imagen y semejanza, en un estado de santidad gloriosa, para que cada pensamiento, palabra y acción de Adán, fuese animado por el Espíritu Santo y diera gloria a Dios. Mientras Adán estaba en ese estado, Dios lo puso en un profundo sueño y formó a partir de su costado el cuerpo de Eva. En Resumen, Dios pudo proporcionarle a Adán una ayudante idónea y perfecta, incluso se la entrega a él mientras él dormía, simplemente porque Adán llevaba un propósito para hacer la voluntad de Dios. La lección es muy obvia, los hombres y mujeres que quieren un matrimonio instaurado en el cielo — y que desean que Dios sea su casamentero, sólo necesitan tener presente una cosa: la perfecta Voluntad de Dios. Dios nos ha dado su promesa en su palabra revelada, que quienes son llamados al estado de Santo Matrimonio y que se mantienen centrados en hacer la perfecta voluntad de Dios recibirán su “matrimonio instaurado en el cielo” del novio celestial.

San Luis Martín y María Celia Gueri

Luis Martín era un relojero en Alencon, Francia, en el siglo XIX. Luis fue bautizado, realizó su confirmación y recibió la sagrada comunión en la Iglesia Católica; estudió, practicó su fe, y queriendo servir a Dios sobre todas las cosas, ansió la entrada a un monasterio. Mientras tanto, en la ciudad natal de Luis, una joven llamada Celia también buscó dedicarse a Dios como una hermana religiosa. Posteriormente, tanto a Luis como a Celia se les negó la admisión a los monasterios donde habían tratado a consagrar sus vidas. Ahora era el turno de Dios de tomar parte como casamentero — como lo había hecho para Adán y Eva en el jardín de Eden:

Celia había decidido que si Dios no la quería como una religiosa, ella se casaría y tendría muchos hijos, quienes se consagrarían todos a él. Celia se dirigió a Nuestra Señora y le preguntó cómo habría de ganárselo. El 8 de diciembre de 1851 recibió su respuesta en forma de una voz interior que decía: ‘Hacer punto de Alençon”. Celia acudió a una escuela profesional para aprender su oficio; rápidamente destacó y se fue a comenzar su propio negocio.

Un día cuando cruzaba el puente de San Leonardo, Celia notó a un hombre pasando por ahí, y escuchó una vez más esa voz interior que dijo: ‘Este es quien he elegido para ti’. El hombre era Luis Martín, cuya madre la había visto la escuela de confección de encajes. En 13 de julio de 1858, Celia y Luis se casaron; ella tenía casi 27 años.

El matrimonio de Luis y Celia también tuvo sufrimientos, pero fue bendecido abundantemente por Dios. Por la gracia de Dios que los condujo al Sacramento del Sagrado Matrimonio, Luis y Celia se mantuvieron fieles a  Dios, el uno al otro y con sus hijos mientras vivieron. Así pues, fructíferos en hijos y obras de caridad dentro y fuera de su círculo familiar. De sus nueve hijos, siete mujeres y dos varones, cuatro murieron en la infancia.  Pero de los cinco sobrevivientes, cuatro se convirtieron en hermanas religiosas, y una de ellas, Santa Teresa de Lisieux, se convirtió en una de las más grandes santas de los tiempos modernos. Celia murió poco después de dar a luz por novena vez y Luis nunca se volvió a casar. Hoy en día, la iglesia católica rinde homenaje a los dos como modelos de santidad.

Tu matrimonio instaurado en el cielo

Sin duda estás pensando, “¿Qué tiene todo esto que ver conmigo?” Pero tiene todo que ver contigo. No olvidemos que Luis y Celia no se unieron en matrimonio, ni permanecieron fieles y fructíferos hasta la muerte, a través de su propia fuerza. Ellos serían los primeros en declarar que todas estas bendiciones fueron meramente la gracia de Dios. No hay nada que Dios hizo por ellos que no pueda hacer por ti, si se lo permites, si eliminas los obstáculos en su camino.

Examinemos tu situación y veamos cuán fácilmente puedes comenzar tu camino hacia un matrimonio instaurado en el cielo.

Si eres una persona joven, que todavía no se ha casado, el camino está completamente abierto para ti. Si aún no eres miembro de la Iglesia Santa, Católica y Apostólica que Jesús fundó, te podemos mostrar cómo convertirse en miembro. En primer lugar, debes arrepentirte de tus pecados y pedirle a Jesús que te dé la  gracia para seguirlo y hacer su voluntad todos los días de tu vida. Necesitarás aprender las verdades básicas de la fe católica, y posteriormente podrás recibir los sacramentos del bautismo, confirmación y Santa Eucaristía. Una vez que seas miembro de la Iglesia Santa, Católica y Apostólica, dedicado a ocuparte cada día en la voluntad perfecta de Dios, solicitarle que te muestre su plan para tu vida. Y, si te ha llamado al matrimonio, el te enviará a tu pareja perfecta. Él te dará tu “matrimonio instaurado en el cielo”.

Si usted está casado, el camino está abierto también. Sólo necesita seguir los mismos pasos, pero haga que su matrimonio sea santificado en la Iglesia, para recibir la gracia de ser fieles y fructíferos juntos mientras vivan.

Si usted se ha casado y divorciado y se ha casado otra vez, un buen sacerdote todavía puede ayudarle a descubrir la voluntad de Dios para su vida. Contacte con nosotros y estaremos encantados de ayudarle.

Y.. ¿qué pasa si está sobrado de edad, o demasiado enfermo, o demasiado lastimado como para casarse?

Incluso entonces, usted puede tener un matrimonio instaurado en el cielo — un matrimonio entre su alma y Dios: una comunión entre usted y Jesús Cristo. Es él quien anhela ser el esposo de su alma — y de toda alma.

“Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.” (Apocalipsis 3:20)

¡Que el Señor Jesús Cristo, el esposo celestial, los bendiga y les dé paz!

Hugh Owen, Director del Kolbe Center for the Study of Creation Email: howen@shentel.net